jueves, 22 de marzo de 2007

wanton poets, pleasant wits

Acabo de leer Eduardo II, de Marlowe, y hace poco he vuelto a ver, también, la película de Derek Jarman, de igual título, basada en esta obra. La primera vez que vi la película, en 1993, no llegué a apreciarla. De hecho, es un tanto difícil para quien no conozca la historia de aquel rey desgraciado y tan corta vida (1284-1327). De aquella primera vez sólo recordaba la rompedora apuesta estética de Jarman, que consiste en utilizar vestuario y decoración contemporáneos para ilustrar un drama isabelino. Recordaba, por ejemplo, entre muchas notas deliberadamente kitsch, la impactante imagen del príncipe Eduardo III Plantagenet bebiendo cocacola de lata. Tal vez la forma me distrajo del fondo.

Ahora, al haberle concedido una segunda oportunidad a la película tras un reencuentro casual en una biblioteca municipal (un día de estos habrá que hablar del canon), he descubierto un episodio histórico fascinante y terrible de la mano de un autor cuya vida también está, a su vez, rodeada de misterio.

Si esto ha despertado vuestra curiosidad, aquí tenéis algo más sobre Eduardo II y, aquí, algo sobre Marlowe.

una voz propia

Este es el año en que cumpliré 40, así que me dije a mi mismo que era un buen momento para crear un blog y hacer que mi voz se oiga en internet. Ya faltan pocos días para esa simbólica fecha, pero prefiero no contarlos, no vaya a ser que me deprima. En vez de eso, es mejor buscarse algún entretenimiento. ¿Por qué un blog?. Bueno, espero que me sirva de terapia, que sirva también para mantener una comunicación más fluida con mi querida Lucía, que ya sabe leer, para relacionarme con los amigos que tengo por ahí desperdigados y para hacer amigos nuevos, quien sabe. Y de paso, para aprender a escribir, que es mi gran aspiración desde pequeñito.