sábado, 18 de octubre de 2008

resaca

Madrugo el sábado. Salgo a la calle esperando encontrar una ciudad fresca y renovada, pero a las ocho de la mañana, Barcelona tiene todavía la voz de cazalla tras otra noche de excesos. Tal vez en otros tiempos su espíritu rebelde pudiera tener algún encanto, pero ahora todo aquello se ha esfumado. A la luz del día, los restos del maquillaje de ayer afean todavía más la cara ajada y entonces se ve a las claras que por mucho que se empeñe en parecer eternamente joven, esta ciudad no envejece con dignidad. Lleva camino de convertirse en una puta barata por no saber retirarse a tiempo.