lunes, 30 de julio de 2007

confesión

Escribo esta entrada para tratar de vencer la angustia que amenaza con tomar el control de mi persona. Una angustia provocada por ese hábito nefasto, tan propio de mí, de anticipar el peor de los escenarios posibles ante cualquier situación de incertidumbre.

Hace pocos días tuve relaciones sexuales con un desconocido. No es un completo desconocido, pero en todo caso debo reconocer que es alguien sobre cuyo comportamiento sexual tengo una información muy escasa. Es cierto que todo fueron "prácticas de bajo riesgo" pero la angustia, por momentos, no sabe guardar la correcta proporción con el pequeño tamaño de esa probabilidad.

Por el momento, yo diría que ya tengo asegurada una sífilis, porque a los pocos días del encuentro comencé a notar un bultito en el escroto -un chancro, para usar el desagradable vocablo con que lo nombran los especialistas-y, justo cuando se cumplían diez días, me llevé un disgusto al percibir que los ganglios de la ingle derecha estaban inflamados. Debo aclarar que ya he pasado antes por esa experiencia: a finales de 2005 contraje la enfermedad al contagiarme de mi pareja de entonces. En aquel momento, el término me causó un gran impacto. Antes de escuchar las palabras tranquilizadoras de mi médico, no podía dejar de recordar los efectos de la enfermedad en algunos de mis ilustres precedesores. Schubert, por ejemplo, que falleció a la edad de 31 años, o Baudelaire, que no llegó a cumplir los 50. Sin embargo, el tratamiento hoy día es sencillo: una inyección de penicilina que, en mi caso, hubo que sustituir por píldoras a causa de mi alergia a esa substancia.

Ahora, con esa experiencia a mis espaldas, la perspectiva de la sífilis no me inquieta tanto y casi todo el espacio lo ocupa el miedo a contraer el sida. El miedo se agranda porque hay alguien más, alguien que podría acabar conviertiéndose en víctima inocente de mi imprudencia.

jueves, 26 de julio de 2007

El caos, la confusión y la incertidumbre excitan mi curiosidad. No hay nada tan estimulante como un buen apocalipsis.

miércoles, 25 de julio de 2007

Me cruzo con personas llenas de misterio, aunque me resulta difícil explicar por qué. Tal vez porque esos seres emiten señales que muchos somos capaces de captar, aunque solo unos pocos sean capaces de descifrar.

lunes, 2 de julio de 2007

me siento esclavo

Cada año, cuando llega el momento de negociar las vacaciones de verano, este sentimiento se agudiza hasta volverse certeza.

¿Hasta cuando podré seguir soportando esta situación que me anula como ser humano?

domingo, 1 de julio de 2007

resignación

Discusión con C. Ciertos amigos suyos encarnan para mí la resignación, el no esperar nada de la vida, y resulta que ya tengo demasiado de eso en mi propia vida. Tal vez no me gusta que me lo recuerden. A veces, siento que nos roban energía.

La reacción de C ante mis críticas es siempre la misma:

1) Les conozco desde hace décadas
2) Les acepto como son,
2) ¿Es que te crees superior a ellos?

Por tanto:

4) No tolero que critiques a mis amigos.

Mensaje recibido. No hay réplica posible que no suponga seguir adentrarse en las peligrosas arenas movedizas que pueden acabar tragrándoselo todo, de manera que, en este asunto, mi opinión está para siempre proscrita. Si no quiero acabar perdiendo a C sólo me queda el recurso a la hipocresía ¿Pero no es esta una forma de resignación? Quien sabe... tal vez, con el tiempo, llegue a comprenderles mejor.

Aunque en el fondo debería ser un factor tranquilizador, a veces no puedo evitar sentir escalofríos ante esa firme adhesión de C, su inquebrantable fidelidad hacia sus amigos. Pienso que incluso en el campo de los afectos es sano aplicar cierto espíritu crítico no destructivo. Sin embargo, parece que el, su espíritu crítico lo guarda sólo para mí. Yo soy el que está siendo constantemente sometido a examen, por algo soy un recién llegado.