miércoles, 20 de junio de 2007

Camino del trabajo

Cada mañana, cuando toma el metro para ir al trabajo, el pesimismo se apodera del espíritu de H a causa del aire cargado de resignación y fracaso que circula por los túneles. En esta disposición de ánimo, el trayecto hasta la oficina se convierte muchas veces en un repaso de frustraciones. Desde hace algún tiempo, sobre todo después de haber dejado atrás la juventud -cuya frontera simbólica sitúa H en los 40- los sueños que antes parecían al alcance se van transformando en lastres invisibles que acaban con su energía.

Tal vez lo peor que le puede suceder a un don nadie como él es tener sueños de grandeza, pero H sigue empeñado en creerse diferente a los demás.