martes, 10 de abril de 2007

La belle France

Vengo de hacer una corta visita turística por la belle France en la que he renovado un poco mi ya obsoleta visión empírica del vecino del norte. En la pequeña capital departamental de Carcassonne y alrededores he podido comprobar con qué fuerza sigue adherida allí la pátina de grandeur, aunque ya los lustres de antaño luzcan algo ajados. Le Midi, departement de l'Aude. Ese tercio sur que tanto se nos asemeja y que tantas cosas ayuda a entender de nosotros mismos. Nos ayuda, claro, la proximidad lingüística. Y el paisaje, tan reconocible. Y también lo que está más allá; el peso de la sagrada Historia y de las venerables Instituciones, que acaban de modelar un Territorio. Llámale nación o patria, llámale terroir o terruño; pero será, seguro, una cosa de tierra más sentimientos, el territorio y sus emociones. De siempre las emociones colectivas me han inquietado un poco. Llamémosle, simplemente, agorafobia.

Las emociones de un territorio más su historia, e histerias, materializadas en una realidad concreta, el ahora. Este presente en el que todo se acelera tanto, la incomprensible realidad. La realidad francesa de hoy en día. La vieja Carcassonne, la province, convertida en un museo de sí misma. La memoria por siempre honrada en los antiguos altares de la tribu, los siglos como pesadas lápidas sobre las que se siguen grabando fechas. ¡Ah, el viejo país! ¡Cómo no dejarse seducir por su rostro amable, por el áurea de bendición que todo lo rodea, por la magia de este bello decorado. Dios sigue estando con nosotros. Él nos bendice. ¿Y el vuestro?. No me preocupa, porque habéis sido los últimos en llegar; el nuestro tiene preferencia porque estaba antes. Así nuestras costumbres, nuestras ancestrales leyes. El derecho napoleónico entero. Para ser aceptado en este territorio, debes acatar, el tuyo es un papel de reparto. La Republique otorga derechos e impone obligaciones, pero, claramente, el reparto no siempre es equitativo.

En la Francia 2007, las próximas elecciones tal vez puedan cambiar algo. ¿Quién de los doce apóstoles presidenciables trae la buena nueva?

Oh!, la, la! la campaña electoral y sus curiosités