La polémica no ha sido en absoluto estéril, porque las declaraciones episcopales han conseguido de inmediato la atención de todos y la rápida polarización de las opiniones.
Más allá de su legitimidad -que sólo cabe juzgar, de momento, en el plano moral que es por cierto el mismo terreno de juego donde ellos se mueven como pez en el agua- esta inteligente maniobra pretende renovar adhesiones y retardar, o tal vez detener, el preocupante progreso del olvido y la indiferencia por parte del rebaño. La iglesia, cualquier iglesia, se crece cuando se declara perseguida.
Mejor perseguida que ignorada, deben pensar.
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